El cuento del lobo

1 Es conocido el cuento de la amenaza del lobo. No hay generación que no lo haya escuchado. Aquella advertencia, repetida una y mil veces, simbolizaba la actitud de incredulidad de quienes se niegan a aceptar la posibilidad de una situación de peligro esparcida a través de rumores. ¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!, era la alerta que no se tomaba en cuenta hasta que el lobo llegaba y acababa con el rebaño.
2 El cuento es asimilable a la política. En numerosas oportunidades los llamados sobre una posible emergencia son ignorados hasta que se consuman los hechos. Hasta que los acontecimientos los confirman. Un caso específico: el golpe del 11 de abril de 2002. Era evidente que había una conspiración en marcha. La información estaba en la calle y en los cenáculos. Circulaban noticias sobre los planes y la proyección de la conjura. Y estaba claro que el curso de los acontecimientos, el discurso de los golpistas y su actuación violenta, confirmaban que el país se acercaba a una definición de poder. Chávez estaba consciente y manejaba la situación políticamente. Rasgo fundamental de su acción de gobierno, y no la represión -aun cuando hay gente que no lo considere así-.
3 Finalmente el golpe se produjo con las características y resultados que todo el país conoce y que, por razones obvias, no repetiré en esta columna. ¿Se habría evitado si se hubiesen tomado las previsiones que recomendaban las circunstancias, los datos que se manejaban y a las alarmas que se encendían? Lo cierto es que no se pensó que la advertencia sobre la amenaza del lobo se materializaría tan pronto, tal y como ocurrió. Tampoco los golpistas imaginaron la masiva respuesta popular del 13-A.
4 Abordo de esta manera el tema, que no es otro que la amenaza a la estabilidad de las instituciones y a la vigencia de la Constitución, porque las informaciones que manejo me obligan a alertar acerca del proceso desestabilizador que está en marcha. Su desencadenamiento está previsto para los próximos días mediante una ofensiva de calle destinada a crear condiciones insurreccionales, aprovechando el malestar popular que provoca el desabastecimiento. Hay una logística preparada y equipos listos para actuar, cabalgando el descontento. El objetivo aparente -“muy constitucional”- es lograr la renuncia de Maduro, o acelerar el revocatorio del mandato; pero en el fondo lo que se pretende es repetir un escenario como el de la guarimba de 2014, ahora mejor preparado, con más recursos, apoyo internacional, y una política de captación de militares.
5 Agrego lo siguiente: En la cúpula de la oposición, ante semejante perspectiva, se agudizan las contradicciones. Solo una de las fuerzas que integra la alianza -por cierto, la más votada el pasado 6D-, cuestiona el operativo golpista tal como está previsto, violento y de signo insurreccional. Y para sustentar su punto de vista ese factor recurre a los ejemplos: la fracasada experiencia de 11-A y al dramático resultado de la guarimba de 2014. Pero también contribuye a tensar la situación interna la lucha por el liderazgo que dilucidan, cada quien por su lado, Ramos Allup y Julio Borges.
6 Lo del lobo no es cuento: es realidad -y por tanto hay que pararle-. Unos le restan importancia a los avisos del peligro que se cierne sobre el país; otros alientan con disimulo el desenlace cruento. Y los hay que pretenden engañar a la opinión pública amparándose tras la Constitución Bolivariana y proclamando lealtad a las instituciones, mientras que por debajo de cuerda estimulan la conjura.
LABERINTO
Lo que de seguida escribiré es grave. Se trata de la creación de un “grupo de exterminio” con el pretexto de luchar contra la delincuencia, pero que de acuerdo a las informaciones uno de sus objetivos es eliminar a personajes de la política o dedicados a otras actividades. Hubo una reunión de funcionarios de dos importantes organismos policiales, cuyos nombres ya son del conocimiento del alto Gobierno, para proceder a reclutar personal de confianza y dotación de equipos. A los que acepten formar parte les ofrecen fuertes sumas de dinero, vivienda, ascensos y pensiones…
El partido mediático, conformado por los consorcios de la comunicación que controlan televisoras, periódicos, revistas, emisoras de radio, etc., constituye hoy la mayor amenaza para la libertad de expresión y para los gobiernos democráticos y progresistas. El fenómeno es mundial, pero con particular incidencia en América Latina. Asumiendo de facto el rol de defensores de la libertad, los medios arremeten contra toda manifestación que difiera del pensamiento único que los inspira. Carecen de la legitimidad que otorga el voto popular, pero para ellos lo que cuenta es la opinión de sus propietarios. Ese poder mediático se fortalece en el tiempo. En los últimos años ejerce dominio sobre la sociedad, con lo cual acorrala a las instituciones, impone normas, quita y pone gobernantes, incide en los procesos electorales y apuntala a los factores de dominación en cada país…
En el origen de la tragedia que vivió Chile con el golpe fascista de Pinochet, la acción desestabilizadora del grupo mediático del diario El Mercurio y de su propietario, Agustín Edwards, fue decisiva. Las gestiones del magnate en Washington, directamente ante Nixon y Kissinger, abrieron las puertas a la conjura que culminó con el baño de sangre del 11 de septiembre de 1973, el bombardeo de la Moneda, la muerte del presidente Allende y 17 años de feroz dictadura…
Ahora la historia se encarga de recordar la felonía cometida por este representante del poder mediático en la región. Agustín Edwards acaba de ser acusado ante la justicia por sedición por agrupaciones de víctimas en base a su participación en la ruptura del orden constitucional. Se trata de la primera denuncia en Chile contra un civil por su responsabilidad en actos previos al golpe. La querella se sustenta en centenares de documentos desclasificados de la CIA -entregados por el gobierno de EEUU al chileno-, en los que consta el financiamiento que recibió el dueño de El Mercurio para incitar y contribuir a la realización del golpe…
En la misma línea de Edwards actúan en Argentina (Grupo Clarín, ensañado contra Cristina Fernández); en Brasil (medios encabezados por O’Globo contra el gobierno constitucional de Rousseff); en Bolivia (la derecha mediática comprometida en la campaña brutal contra Morales); y, por supuesto, Venezuela (medios clamando por el golpe contra Maduro). Pero la verdad aflora algún día. Sobre todo porque EEUU no es un aliado confiable. Su pragmatismo coloca a menudo en aprietos a quienes emprenden aventuras con su apoyo. En cualquier momento aparecen los responsables en documentos desclasificados de la CIA o de cualquier otro organismo de inteligencia…
Las colas: El gobierno está haciendo un esfuerzo gigantesco para encarar el desabastecimiento que traumatiza a los ciudadanos, pero los logros son magros. ¿Qué pasa? La desesperación crece peligrosamente ¿Qué hacer para revertir la situación? El gobierno debe buscar, con urgencia, nuevas respuestas a lo que sucede…
A Dilma la derrotó un corrupto desvergonzado, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, con varios procesos judiciales abiertos. Un auténtico mafioso. Lo mismo el vicepresidente, Michel Temer, tildado por la presidente Rousseff de traidor. La derecha carece de escrúpulos y cuando se propone acabar con un gobierno progresista recurre al excremento político.

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José Gregorio Hernández